Por Joaquín de Lapatza
Asumiendo que hemos seleccionado una escopeta que nos venga bien a la cara, es decir, que en la tienda la encaremos correctamente, es hora de probarla con fuego real.
La mejor manera de acostumbrarnos a una escopeta recién adquirida es acudir a un campo de tiro al plato, preferiblemente en modalidad de recorrido de caza, ojeo o compak sporting si la escopeta es de caza.
El buen encare es fundamental en el tiro con escopeta. Con una maniobra apropiada, el éxito en nuestros lances está mucho más cerca. El encare debe convertirse en un movimiento mecánico, casi automático y consistente. El objetivo es que la escopeta venga a la cara y no que seamos nosotros quienes tengamos que encajarnos en ella.
Comenzamos en posición de guardia baja, sujetando la escopeta por el pistolet con la mano derecha y por el guardamanos con la izquierda. De un solo gesto debemos subirla hasta el hombro mientras colocamos la cara en posición de tiro. El borde superior de la culata debe quedar en la clavícula y la cara levemente adelantada y apoyada con firmeza sobre la culata.
Durante las primeras prácticas podemos cerrar el ojo izquierdo para comprobar que no vemos demasiada banda ni perdemos el punto de mira. En una escopeta de caza lo apropiado es ver la banda plana y el punto de mira completo y centrado. Si vemos demasiada banda, los disparos tenderán a ir altos; si no vemos el punto, tenderán a ir bajos.
Conviene repetir la maniobra hasta que el gesto sea mecánico y consistente. Sabremos que lo estamos haciendo correctamente cuando, al terminar en posición de disparo, el ojo derecho quede centrado con el punto de mira. El siguiente paso consiste en encarar con los dos ojos abiertos.
Si conseguimos un encare natural, podremos disparar de manera intuitiva. Ese es el objetivo: que la escopeta se convierta casi en una extensión de nuestros brazos.
La ropa también puede influir. Las cazadoras de tiro suelen llevar piel en el hombro porque permite que la culata se deslice hasta su sitio sin engancharse. Algunas prendas térmicas combinadas con cantoneras de goma pueden impedir que la escopeta llegue correctamente a la clavícula.
Ver mucha banda puede indicar que la escopeta queda corta o que la caída de la culata es demasiado recta. No ver el punto de mira puede significar que queda larga o que estamos hundiendo demasiado la cara en la culata.
Si tras el primer disparo perdemos el encare, quizá no estemos sujetando la escopeta con suficiente firmeza o no estemos acompañando el retroceso con el cuerpo. Firmeza no significa agarrotamiento.
Si la escopeta golpea la mejilla al disparar, suele ser señal de que la cara no está apoyada con firmeza. Como dice el dicho, así la tratas, así te tratará.















Compartir: