Por Joaquín de Lapatza.
La berrea es uno de los momentos más apasionantes para los amantes del rececho. El venado, majestuoso y desafiante, se convierte durante estas semanas en el gran protagonista de la dehesa, los valles y la montaña.
El disparo de rececho es reposado, preparado y preciso. Conviene acercarse todo lo posible y buscar una posición estable para observar y, llegado el momento, disparar. En berrea las distancias habituales suelen situarse entre 100 y 250 metros, siempre dentro de los límites del tirador y de su equipo.
La óptica resulta decisiva. Unos buenos prismáticos, un visor de más de ocho aumentos y un telémetro permiten conocer la distancia real y calcular la caída del proyectil. Las campanas de 50 o 56 mm ofrecen además una ayuda importante en zonas de bosque y en condiciones de poca luz.
La munición debe combinar rasante, precisión y un retroceso asumible. Entre los calibres más utilizados se encuentran el .270, el 6,5 Creedmoor y el .308 Winchester; entre los magnum, el .300 Winchester Magnum, el 7 mm Remington Magnum, el .270 WSM y el .300 WSM ofrecen buenas prestaciones cuando se emplean con la punta adecuada.
El rifle elegido debe agrupar bien con la munición y disponer de un gatillo revisado por un armero autorizado. Monotiros, rifles de cerrojo y semiautomáticos pueden ser perfectamente válidos; la prioridad es siempre la precisión y la confianza del cazador en su equipo.
La colocación del disparo exige conocer la anatomía del animal. Cuello y zona cardiopulmonar pueden resultar terminales, pero el cuello requiere especial precisión. Ante la duda, el codillo continúa siendo la referencia más segura.
Buena caza, temple y seguridad en los disparos















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