Por Joaquín de Lapatza
Primero debemos tener en cuenta que existen dos modalidades de caza que afectan de manera significativa a nuestra posición de tiro:
Puesto fijo: este tipo de caza se practica desde una posición estable y encararemos sin movernos de nuestra postura. Es habitual en puestos de paloma, zorzal, ojeo de perdiz o pato.
En movimiento: sea al salto o a la mano, se trata de modalidades en las que caminamos y los lances surgen muchas veces sin demasiado tiempo de preparación.
Aunque la postura debe ser similar en cualquier condición de tiro, la modalidad de caza influye en la naturalidad de la maniobra.
La posición óptima permite realizar una secuencia acompasada de encare, swing y disparo, evitando sobresaltos, tirones o cambios de postura. Buscamos estabilidad, equilibrio, comodidad y fluidez.
Los pies: deben estar separados sin exceso y proporcionar un apoyo estable. Para un tirador diestro, el pie izquierdo queda adelantado y soporta principalmente el peso antes del disparo, mientras el derecho actúa como apoyo secundario.
Las piernas: las rodillas deben permanecer levemente flexionadas, sin rigidez y manteniendo el cuerpo erguido. La rodilla izquierda, adelantada, tendrá algo más de flexión.
Cadera y tronco: el swing nace desde la cadera y la cintura; movemos todo el cuerpo, no solo los brazos. El tronco debe mantenerse erguido.
Las manos y los brazos: la mano de apoyo debe sujetar el guardamanos con naturalidad y los codos adoptar una posición que permita un swing fluido sin resultar incómoda.
En un puesto fijo es más sencillo encontrar esta posición. Cazando en movimiento conviene asentarse con rapidez y aproximarse a la postura óptima mientras se encara el arma.
Como siempre, la mejor forma de interiorizar la postura y el encare es practicar de manera constante.















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